La segunda derrota de la Enmienda Platt. Por Jorge Wejebe Cobo

Al General Leonardo Wood, jefe del gobierno interventor norteamericano en la Isla en 1901, le apremiaba culminar con éxito la ocupación de la excolonia española y se aprestó a incrementar las acciones políticas decisivas para lograr el sueño centenario de los padres fundadores de su país de apoderarse de Cuba, algo que parecía al alcance de la mano y no le faltaban razones.

Para el inicio de su maniobra escogió como escenario al puerto de Batabanó, pequeño pueblo de pescadores al sur de La Habana, donde ofreció un banquete y una pesquería el 15 de febrero de 1901 a cinco respetados delegados a la Convención Constituyente, encargados de proponer el carácter de las relaciones de la futura República con su gran vecino.

Las amabilidades con los cubanos, no limitaron a Wood en su chantaje directo para que aceptaran en la Carta Magna de la futura república incluir el derecho de EE.UU. de intervenir en la ínsula, cuando lo considerara necesario y de ceder o vender territorios para emplazar bases navales en los mejores puertos, como condición de la evacuación militar de la Mayor de las Antillas por Washington.

En el encuentro no hubo el suficiente consenso para los planes estadounidenses y la propia Convención Constituyente aprobó una posición opuesta, en la cual se eliminaba el establecimiento de estaciones navales.

Entonces el ejecutivo norteamericano acordó con el senador republicano de Connecticut, Orville H. Platt, la presentación de una enmienda al proyecto de Ley de Presupuesto del Ejército que convertiría en un hecho consumado la imposición de bases navales, enmienda que rápidamente se convertiría en ley al ser aprobada por el Senado y la Cámara de Representantes.

Como último paso fue firmada por el presidente William McKinley el dos de marzo de 1901 dentro de la “Ley concediendo créditos para el Ejército en el año fiscal que termina el 30 de junio de 1902″.

De esa manera tendrían forma jurídica esas pretensiones anexionistas y se fortalecerían las presiones del presidente norteamericano para instaurar la neocolonia en la Isla que nacería el 20 de mayo de 1902 con ese apéndice en su Constitución, la llamada Enmienda Platt que estaría vigente hasta 1934 en que fue derogada.

Ese año se desarrollaba la nueva táctica imperialista de hacer más esbozado su dominio sobre el país y la región ante el auge de las contradicciones con Alemania y Japón, que avizoraban la II Guerra Mundial, lo cual aconsejaba tener su patio trasero libre de problemas y para ello instituyeron la llamada “política del buen vecino”.

En el plano interno, Cuba había acabado de transitar por un convulso proceso revolucionario antiimperialista que, aunque frustrado, incentivó la oposición del pueblo a la Enmienda Platt.

Además por esas fechas, Washington se sentía seguro para derogar la referida ley porque contaba en la política cubana con su representante más fiel, el general Fulgencio Batista, aliado fundamental para socavar la llamada Revolución del 33.

Más allá de su formal derogación e interpretación jurídica estrecha, su esencia inspiró a una generación de serviles anexionistas en el poder hasta el triunfo revolucionario del primero de enero de 1959, cuando el modelo que defendió la Enmienda Platt comenzó a ser demolido hasta sus cimientos.

No obstante, esa enmienda no representó solamente una reliquia de los viejos tiempos y hoy siguen teniendo actualidad sus huellas en los planes y acciones imperialistas de atentar contra la vida independiente de Cuba, representados por las Leyes Torricelly y Helms Burton, de 1992 y 1996, respectivamente, promulgadas por los órganos legislativos de Estados Unidos para recrudecer el bloqueo contra Cuba.

Solo que en la actualidad dichas leyes, a diferencia de su antecesora, representan los sueños alucinados de los sectores de extrema derecha en ese país, por recobrar el dominio de Cuba mediante un bloqueo repudiado prácticamente por toda la humanidad internacional, y reconocido como una derrota hasta por la anterior administración del presidente norteamericano Barack Obama, quien dio inicio al actual proceso de normalización de relaciones entre ambas naciones.

Fuente: Periódico Adelante

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