En defensa de la cultura, 80 años después. Por Miguel Barnet

Intelectuales en el coloquio de Valencia 1937.

Intelectuales en el coloquio de Valencia 1937. Foto: Internet

Aquí, con sus callosas, duras manos;/ remotos milicianos/ al pie aquí de nosotros,/ clavadas las espuelas en sus potros;/ aquí al fin con nosotros,/ lejanos milicianos,/ ardientes, cercanísimos hermanos.

Estos versos abren una obra extraordinaria de nuestro Nicolás Guillén, escrita en 1937. Con un lenguaje poderoso, directo, y un perfecto sentido del metro, el poeta da testimonio de un acontecimiento que llegó a vivir en carne y alma propia: la agresión fascista contra la República Española.

En lo que llamó España,/Poema en cuatro angustias y una esperanza, Guillén reveló un compromiso y una ética: de una parte, la militancia de quien lucha con sus mejores armas, en este caso, la palabra; de otra, el saber colocarse en el meridiano del deber y la justicia.

Había nacido el 10 de julio de 1902, en Camagüey «suave comarca de pastores y sombreros», como la llamó, de modo que conmemoramos su aniversario 115, o para ser más preciso, su llegada a una Cuba que inauguraba su primera era republicana con la carga pesada de la Enmienda Platt, legado de los interventores norteamericanos, y la postergación de los ideales de Martí, Maceo y los mambises que abonaron con su sangre la independencia de la metrópoli española.

Esa Cuba le dolió profundamente y eso se reflejó de muy diversas maneras en su quehacer poético y la prosa periodística que cultivó. Desde la discriminación por el origen social y el color de la piel hasta la condición neocolonial de su patria, la toma de conciencia del joven poeta no solo se tradujo en el vigor de su ejercicio literario sino también en una postura cívica que se acrecentó e hizo visible en un plazo intenso y breve y que lo acompañó a lo largo de su vida.

En 1937 Nicolás contaba con 35 años de edad y ya era el autor de los revolucionarios Motivos de son y de los adelantados versos en defensa de la identidad cubana desde una aguda perspectiva social reunidos en Sóngoro cosongo; temáticas que profundiza y amplía al espectro caribeño en West IndiesLtd, y en las que luego alcanza madurez con Cantos para soldados y sones para turistas. Formaba parte del equipo fundador de la revista Mediodía, que agrupó a la vanguardia intelectual de izquierda, y había sido sometido a un proceso judicial por sus opiniones políticas y su filiación comunista. En 1936 viajó a México, invitado por la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios. Allí recibió la noticia de la asonada fascista contra la España republicana y escribió el largo poema, dividido en cinco secciones, al que hemos hecho referencia.

Se hicieron dos ediciones casi simultáneas, ambas en 1937, una publicada en Valencia por Ediciones Españolas, Nueva Colección Héroe, de la cual da noticia el poeta de la generación del 27, Manuel Altolaguirre. Otra en México: por la editorial México Nuevo, 1937. En esta aparece al final la fecha en que fue escrito, mayo del mismo año, durante su estancia en el vecino país, antes de su viaje a la península. Esto sitúa la obra de Nicolás como una anticipación a tomar en cuenta, con relación a otras grandes obras líricas dedicadas a España, como las de Pablo Neruda y César Vallejo, es decir, que el cubano sintió esas angustias y cifró su esperanza sin haber entrado aún en contacto directo con el ardiente y convulso escenario español.

Guillén respondió a la convocatoria del Segundo Congreso de Escritores en Defensa de la Cultura, que comenzó en Valencia el 3 de julio de 1937, y sesionó después en Madrid, Barcelona y París.

Allá fue nuestro poeta, como lo dijo en sus versos, hijo de América, / hijo de ti y de África, / esclavo ayer de mayorales blancos dueños de látigos coléricos; / hoy esclavo de rojos yanquis azucareros y voraces; / yo chapoteando en la oscura sangre en que se mojan mis Antillas; / ahogado en el humo agriverde de los cañaverales; / sepultado en el fango de todas las cárceles; / cercado día y noche por insaciables bayonetas; / perdido en las florestas ululantes de las islas crucificadas del Trópico; / yo hijo de América, / corro hacia ti, muero por ti.

Estamos comprometidos hoy a rendir homenaje a los cubanos que junto a Guillén representaron a la Isla en aquella histórica cita. Juan Marinello, compañero suyo de militancia, en la misma trinchera de la revista Mediodía y en los días de México, intelectual en quien reciedumbre y fineza, honestidad y lealtad a los principios, fueron cualidades supremas. Su liderazgo fue reconocido por los colegas latinoamericanos al confiarle su representación ante el Congreso.

Alejo Carpentier, que había entendido tempranamente que la vanguardia artística y literaria podía y debía encontrar su más completa definición en la vanguardia política de su época.

Félix Pita Rodríguez, el más joven del grupo, confesó que el Congreso y la experiencia española lo había hecho «madurar por dentro», y denunció la barbarie en las páginas de la publicación Facetas de la Actualidad Española y el periódico Voz de Madrid, que se editaba en Francia.

Un quinto cubano que merece mayor relieve del que tiene fue Leonardo Fernández Sánchez. Participó en la fundación del primer partido marxista leninista y de la Liga Antimperialista. Fue compañero de lucha de Julio Antonio Mella. También fundó el Partido Ortodoxo donde compartió labores con Fidel Castro. Al triunfo de la Revolución se incorporó a las tareas de la nueva diplomacia. Las actuales generaciones deben tener presente el ejemplo de Fernández Sánchez y el de los más de 1 000 cubanos internacionalistas que pelearon en defensa de la República, en la que entregó su vida, el periodista y combatiente Pablo de la Torriente Brau. Se trata de un legado que debe ser investigado, promovido y exaltado por encarnar valores de suma actualidad en los tiempos que corren.

Tuve la oportunidad de participar en la conmemoración del quincuagésimo aniversario del Congreso antifascista con Félix Pita Rodríguez y su esposa, la poeta Ángela de Mela, Lisandro Otero y Pablo Armando Fernández. Se efectuó en 1987, en Valencia, y conservo recuerdos nada gratos que digamos del evento. Algunos de los presentes apostaron por una supuesta «reflexión crítica», eufemismo tras el cual se enmascaraba el intento de hacer trizas la memoria de un acontecimiento evocador y épico. Fue triste para mí escuchar a un Octavio Paz en las antípodas de lo que había sido en su juventud y a Jorge Semprún en actitud genuflexa ante los que querían desvirtuar el contenido de la histórica conmemoración. Fue aleccionador constatar cómo Haydée Santamaría, mucho antes, había advertido la naturaleza camaleónica de un Mario Vargas Llosa, que ensayaba entonces sus armas como heraldo de la derecha neoliberal. Asimismo, voceros de la prensa española más retrógrada trataron de llevar las discusiones hacia una conciliación que evadía toda proyección de la izquierda presente.

A Félix Pita Rodríguez, único sobreviviente cubano, no se le dio la palabra cuando su voz hubiera reclamado allí una posición más enérgica y consecuente con el Congreso de 1937.

La convocatoria de la Fundación Nicolás Guillén, con el auspicio de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, al coloquio titulado Cultura versus Fascismo, coincidiendo con el aniversario del natalicio del poeta, tiene lugar en un contexto caracterizado por renovadas ansias de dominación imperial, la contraofensiva de la derecha en nuestro continente, el contubernio del capitalismo con el terrorismo y el auge del racismo, la xenofobia y el neoliberalismo.

Los ataques vandálicos y criminales de la ultraderecha contra las instituciones bolivarianas en Venezuela, prohijadas por Washington, nos recuerdan la aspiración del fascismo a reciclarse en la época actual. Son las mismas estrategias, los mismos métodos de subversión, aún más crueles hoy cuanto más sofisticados.

Como Nicolás Guillén, Juan Marinello, Félix Pita, Alejo Carpentier y Leonardo Fernández Sánchez se solidarizaron con la República Española, considero una responsabilidad ética de los artistas e intelectuales defender la democracia en la Venezuela Bolivariana y denunciar el acoso contra esa nación hermana.

El pasado 16 de junio, el Presidente de los Estados Unidos, en un giro de retroceso, rocambolesco y peligroso, firmó en Miami, ante testigos de la peor ralea, batistianos, terroristas y mercenarios, una orden ejecutiva que recrudece la hostilidad que por casi seis décadas ha tratado de llevar nuevamente a Cuba al redil imperial. Pero nada nos amilana, nada nos detiene.

Los escritores y artistas cubanos, desde la Uneac, dirigimos de inmediato un mensaje a los colegas y amigos norteamericanos de la cultura cubana, en el que a la vez que denunciamos el carácter agresivo de la decisión de la Casa Blanca y el reforzamiento del bloqueo contra Cuba, expresamos nuestra voluntad de continuar fomentando una relación cultural fecunda y mutuamente beneficiosa porque José Martí nos enseñó a no acunar odio entre nuestros pueblos.

Miles de artistas, intelectuales y promotores culturales han suscrito el documento. Contamos con el respaldo de decenas de creadores y académicos de los propios Estados Unidos y demás de 50 países. A 80 años del Congreso que comenzó en Valencia, ese gesto solidario nos anima y recuerda que el espíritu y resistencia de la cultura sigue vivo, y necesitamos alimentarlo cada día. La República Española siempre será un referente y aquellos que la apoyaron son hoy el más noble y digno ejemplo a seguir por nuestra generación.

«Aquí al fin con nosotros,
lejanos milicianos,
ardientes, cercanísimos hermanos».

Como escribió entonces Nicolás Guillén.

Fuente: Granma

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